¿Quién se queda en casa?

Hasta hace algún tiempo esta pregunta era relativamente fácil de contestar en los casos de divorcio o ruptura de parejas de hecho. Teníamos grabado aquello de que el uso de la vivienda y ajuar familiares se atribuirá a los hijos menores de edad y el progenitor en cuya compañía queden, es lo que indica el primer apartado del artículo 96 del Código Civil.

Esta respuesta era suficiente en un escenario de custodia exclusiva, pero, una vez que aumenta la custodia compartida y la guarda de los menores se distribuye entre ambos progenitores, si atendemos exclusivamente a la regla anterior, la respuesta fue que, como tanto el padre como el padre quedan en compañía de los hijos, la vivienda ha de atribuírse a ambos, y se construyó lo que popularmente se ha calificado como casa nido, en la que los hijos permanecen en la vivienda y son los padres quienes se trasladan cada cierto tiempo (una semana, quince días, un mes) para residir alternativamente en el domicilio familiar.

Muchas veces los clientes nos piden que entre su solicitud incluyamos la casa nido, considerando que esa fórmula es la más igualitaria y beneficia a los hijos, porque de esta forma permanecen en su casa, sin tener que salir de ella, manteniendo su espacio y entorno. Es un error. En Alonso y Tinoco Abogados de Familia en Badajoz sabemos que quizá en el plano ideal sea así, pero hemos de descender a la realidad y advertir a nuestros clientes que debemos pensar que es necesaria una voluntad coincidente entre los progenitores sobre cuestiones importantes en la vida diaria: limpieza, cuidado de los enseres, averías, consumos, y que, si el escenario no es de una excelente capacidad de coordinación entre ambos progenitores, siendo situaciones muy complicadas de solventar para el derecho, finalmente la vida diaria se tornará, también para los hijos, en fuente de problemas.

Es por ello que la casa nido ha sido descartada por los tribunales.

Hay que tener presente que la decisión sobre el uso de la vivienda familiar tiene como objetivo dotar de una vivienda a los hijos. No se trata de atribuir la propiedad sino de satisfacer una de las primeras necesidades de los hijos.

Y entonces, ¿cómo se resuelve?

Pues si no existe acuerdo entre los cónyuges o convivientes, la regla de la que se sirven los Juzgados no genera la seguridad que a todos nos gustaría, pues el art. 96.4 del Código Civil indica que el Juez resolverá lo procedente, de manera que esta regla se encuentra en continuo cambio para adaptarse a la realidad social que exista en el momento de decidir, siendo la doctrina del Tribunal Supremo a la que deberemos estar para extraer los elementos importantes que ofrecer al juez en cada momento que le sirvan para resolver de la manera más adecuada.

La última respuesta la encontramos en la reciente sentencia del Tribunal Supremo dictada el pasado 12 de junio donde, coordinando los intereses en juego, viene a determinar que lo más favorable para las partes y los menores implicados en los casos de custodia compartida, es la atribución del derecho de uso de la vivienda familiar a favor del cónyuge más necesitado de protección durante un plazo concreto, lo más breve posible.

Este tema, al igual que la mayoría de los aspectos importante en Derecho de Familia están en continua evolución y es imprescindible contar para un adecuado asesoramiento con expertos en la materia que posean el conocimiento técnico necesario, actualizado y riguroso, pero también que tengan la adecuada percepción del caso concreto para encontrar la mejor solución.

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